La Linterna

«Los pensamientos mueren en el momento en que las palabras los encarnan».

—Arthur Schopenhauer

«Las palabras mueren en cuanto alumbran el pensamiento».

—Lev S. Vygotsky

¿Qué es arte? ¿Qué es poesía? ¿Cómo hacer arte con palabras? ¿Está la escritura adentro de nosotros, represada? ¿la dejamos atrás, como un rastro? ¿está adelante y la encontramos si iluminamos con ella la oscuridad impenetrable de lo desconocido?

La Linterna es un espacio para experimentar con el lenguaje escrito, para iluminar la oscuridad que nos ronda en estado de infinita posibilidad. Los experimentos que están en La Linterna son ejercicios escogidos por estudiantes y profesores del programa de Artes Plásticas de la Universidad El Bosque. Aquí hay cuentos, poemas, canciones, ensayos de estudiantes de varios semestres.

Por Ashley Loray Arango Becerra

Un cuerpo más…

1.

Recuerdo que de pequeño detestaba el color rosa. ¡Dios! en serio, lo odiaba. No recuerdo de dónde saqué un saco azul ancho. Salía por el centro del barrio con él y mi mamá: “Quítese eso que parece un niño”. Yo estaba feliz.

2.

Recuerdo esa vez que me robaron el sueño. Esa incertidumbre horrible es como pegarte en el dedo pequeño del pie. Pasaban las noches e ingenuo pensé que ese sentimiento putrefacto se iría con el pasar de los días. Quedé como un payaso. Nunca se fue. Eso sí, ahora puedo arruncharme con ese muerto al lado.

3.

Recuerdo un día normal en el colegio. La profesora estaba estresada por culpa de mis amigos y yo. Soy consciente de que éramos un fastidio. Ella, harta de nosotros, dijo: “Arango y Tafur, vayan por el refrigerio”. Se deshizo de nosotros unos segundos. Bajamos la escalera y recibimos la canasta. Al llevarla por los pasillos vi a un muchacho parecido a mí: mismo peinado despelucado, camisa blanca, chaleco beige, pantalón café y unos tenis negros venus. Sentí una felicidad impresionante. Quién diría que me encontraría a mí mismo por los pasillos mientras cargaba una canasta con olor a yogurt.

4.

Mi nombre era incómodo. De pequeño lo detestaba. Recuerdo preguntarle a mi mamá por qué se le ocurrió, y ella solo decía: “Tu nombre salió de un guitarrista de una banda de rock”. No lo negaré, eso me subía la autoestima un poco. Hasta que un día me enteré de que era una vil mentira. Me llamó igual que un cantante de plancha o banda de chicos llamada Menudo.

5.

En otra ocasión me dijo: “La hermana del príncipe de Bel Air tiene un nombre bonito”, y pensé “¿por qué no?”. Preciso, en esta parte del mundo, las personas lo usan para las mujeres. No me afecta llamarme como “una niña”. Digo, tiene sentido, soy un hombre trans. Aún así lo detestaba. Aumentaba la inseguridad el hecho de que los demás me ubicaran así.

6.

El tiempo pasó y me acostumbré. Mejor aún: ahora me gusta, me encanta ver la cara de confusión de las personas. Pero lo que me pregunto es: ¿A mi mamá cómo se le ocurrió ponerme un nombre unisex?, pudo escoger miles de nombres que son catalogados para niñas, pero no. Le agradezco por montones ese hecho. Me ahorró la plata de los papeles en el cambio del nombre. 

7.

Mi nombre me enorgullece. Siento que define quién soy sin necesidad de decirlo. Soy el ejemplo de que un nombre no decide un género. ¿Por qué las personas definen a sus hijos, incluso antes de conocerlos? Los nombres encasillados me parecen limitantes.

8.

Recuerdo la primera vez que escuché su maullido. Era como si en el tejado un perro jugara con una pelota chillona. Mi único impulso fue subirme al techo sin pensarlo dos veces. Se preguntarán qué importa. Pero es esencial en mi historia. No volví a escucharla. No está muerta o perdida. La alejaron a la fuerza de mi hogar.

9.

Recuerdo la primera vez que vendé mi pecho. Me vi al espejo emocionado de que no tenía esos horribles senos que me infundían terror. Lo odiaba con todas mis fuerzas. Gracias a ello, tengo cicatrices imborrables en mi espalda y por debajo de mi brazo. Hoy por hoy, aunque la disforia se me “dispara” a veces, aprendo a quererme.

10.

Jamás olvidaré el día de la primera inyección de testosterona. Pedí las ampolletas a domicilio. El tiempo de espera lo sentí como horas, hasta que por fin llegó. Me encerré en el baño de mis abuelos, me senté en la taza, me bajé los pantalones, formé una cruz en el muslo de mi pierna izquierda, quite el capuchón y me inyecté. En el momento que salí del baño nadie sabía que yo mismo había marcado un antes y un después. Llegó mi papá a recogerme y llevarme a casa. Yo, al considerarlo mi mejor amigo, lo primero que hice al vero fue contarle. No tenía que verme para saber que mis ojos brillaban. Me preguntó sobre los cambios físicos que tendría y parecía no importarle. A los días, contados con los dedos de la mano, me quedé sin “hogar” o sin eso que él llamaba familia. Gracias a esto mi vida está completa y al día de hoy puedo decir que soy feliz. 

Besos en la escalera de emergencia

Por: María Alejandra Medina Torres

Hoy en la oficina 

viendo llover, hace como año y medio 

Solo besos

                   en la escalera de emergencia

Nada del otro mundo, yo quería más 

Tristemente 

                      Deliciosos

Se le acabó el contrato y perdimos contacto

C’est la vie

Satisfacción en Saturno

Foto de María Alejandra Medina Torres

Soy un manto hambriento donde las paredes rojas sudan

el gemido de cabellos en el paisaje corriendo

un golpe lejano en el aire en dónde ahogarse

la danza de la hoguera en la luna que cae plateada

Soy piernas de cementerio hacia las puertas del viñedo

el cascabel de caramelo con piel de flores caídas

como unas garras que atrapan la arena

la leve reencarnación volcánica

Soy un lugar en el espejo de dos bocas respirándose

el pedazo de impulsos de serpientes que antes no existían

un río que decidió confesarle al mundo invisible

la herida del cielo al ojo del viajero

Te pienso y te extraño

Por Mariana Rojas Martínez

Canción: Chill Chicos – si volvemos a querernos (ft. Natalia Lacunza)

Pienso en el día en que me besaste con amor y cariño.

Pienso en aquella vez que tomaste mi mano con fuerza en un momento difícil.

Pienso que lo nuestro estaba lleno de magia.

Pienso en el atardecer que te dediqué.

Pienso en el día que estuvimos en el mercado de pulgas.

Pienso en tu mano entrelazada con la mía.

Pienso que nuestro amor era más fuerte que el odio de los demás.

Pienso que no fui suficiente para ti.

Pienso en cómo estarás ya que no estás aquí.

Pienso en cuando me dijiste que te gustaba otra persona.

Pienso que eres la persona más hermosa que conocí.

Pienso en lo roto que está mi corazón.

Pienso en el dulce aroma que siempre llevabas.

Pienso en cuando me mandabas vídeos cantando y tocando el ukelele.

Pienso que te perdí de la peor manera que pude imaginar.

Pienso que el amor que teníamos era muy grande, pero no supimos cómo sobrellevar todas las situaciones que estaban a nuestro alrededor.

Pienso todos los días que te extraño.

¿Me puedes amar así?

Shakespeare & Sam Kim en rémix de Susana Otero Cayón

Tan altos que no puedes pasar y enséñame a perder en el blando juego

Ven, lóbrega noche, amiga de los amantes, y regrésame el mundo en colores

Y cuando de mis azules e invisible se lance en mis brazos

¿Me puedes amar? o llego tarde a pedirte

desenamorándose mi peor crítico

Me quemé hasta el suelo, ojalá los lance al crepúsculo

Voy a seguir repitiéndolo, vivo todo el tiempo a tender sus densas cortinas

El sol se fue hoy, venga la dulce noche. Me quedé atrapada en la lluvia

Muera, de adorno para tu manto, negras alas del cuervo

Ámame duro. Cubre con tu mano la pura sangre que arde en mis mejillas

Negra túnica, veo blanco y negro, transforma cada fragmento

El amor es ciego y ama la noche y a su luz. En caso de que no me hayas entendido

Ven, tú que eres mi día, me pongo a la defensiva e insegura

de su cuerpo en una estrella reluciente, veloces corceles del Sol

En el silencio venga a mí mi imponente noche. Trátame suave y tierno

Evita que mi corazón construya muros fuera de las líneas que corran, corran

¿Me puedes amar así?